No puedo soportar ni un gramo de tristeza en esa cara, tu pena es sentirme morir poco a poco. Lo sé, en cierto modo soy egoísta: tu tristeza me entristece. Si, soy egoísta. Será que siento que tú eres un poco yo, pero un poco tan grande y necesario como un pequeño corazón que riega de sangre todo mi cuerpo.
Mi medio yo, que antes de un veintiocho de agosto de dos mil nueve sólo era un simple animal se muere por mi medio tú. Mi medio yo, un cuerpo que absorbe vitaminas, grasas, que come y que duerme, lee el periódico y ve la televisión no es más que un trozo de pan duro que duerme en un cajón, que duerme y se muere sin su medio tú.
Sin su medio tú mi medio yo no sabe lo que son los colores ni el cielo que le cubre. Mi medio yo no sabe vivir a medias, se arruga y se duele en la sombra.
No puedo soportar que mi medio tú esté triste, ni un poco lejos. Mi medio yo quiere que su medio tú sea la felicidad más grande y no quepan las miserias, los miedos, las equivocaciones y las inseguridades en un trozo tan precioso de mundo como es su medio tú.